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Editorial
22-09-2026 | El reconocimiento implícito del Presidente boliviano, Rodrigo Paz sobre la necesidad de democratizar Cuba se convierte en un mensaje de aliento a las fuerzas vivas prodemocráticas de la isla: la convicción de que la democracia no es solo un sistema político, sino la mejor forma de convivencia y desarrollo.

La respuesta del presidente boliviano Rodrigo Paz a la afirmación de Donald Trump de que “Cuba es un Estado fallido” no fue una mera réplica diplomática, sino una declaración de principios. Al señalar que “el Estado no vive para el Estado, sino para la gente”, Paz trazó una línea clara entre los modelos estatistas de Cuba y del MAS en Bolivia, y la visión democrática que hoy busca consolidar en su país. Su defensa de la democracia como el mejor estado de convivencia refleja un compromiso con la ciudadanía y con la idea de que el poder debe estar al servicio de la gente.

Este mensaje cobra mayor fuerza cuando se lo coloca en el contexto histórico de Bolivia. Durante décadas, la Central Obrera Boliviana (COB) fue el sindicato que dominó buena parte de la vida política nacional, moldeando la identidad del país en torno a una tradición estatista y clientelista difícil de desmontar. Esa herencia explica por qué medidas como el ajuste de precios del diésel generan resistencia: forman parte de una cultura política donde el Estado era visto como proveedor absoluto y los sindicatos como guardianes de ese modelo.

Sin embargo, lo que distingue el presente es la determinación de avanzar pese a los obstáculos. Paz ha reducido la influencia del MAS y de los “Pochos Rojos” de Evo Morales, imponiendo un nuevo marco de convivencia política. Su programa de gobierno combina disciplina fiscal con inversión social, descentralización con apertura internacional, y un esfuerzo por transformar la herencia estatista en una economía más dinámica y competitiva.

La resistencia sindical y popular es inevitable, pero no debe interpretarse como un fracaso, sino como parte del proceso de transición hacia un país más moderno. Bolivia está remontando una historia de estatismo y clientelismo, y lo hace con una narrativa optimista: la democracia como motor de convivencia, la apertura como camino de desarrollo, y la ciudadanía como verdadero centro del Estado.

En este sentido, el reconocimiento implícito de Paz sobre la necesidad de democratizar Cuba se convierte en un mensaje de aliento a las fuerzas vivas prodemocráticas de la isla: la convicción de que la democracia no es solo un sistema político, sino la mejor forma de convivencia y desarrollo.

Dirección electrónica de Rodrigo Paz: www.rodrigopaz.bo

 
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