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La Noviolencia activa: el imperativo de los cubanos
31-08-2026 | La noviolencia activa es el camino más eficaz y menos destructivo para lograr un cambio real en Cuba, yaque disminuye el costo humano, fomenta la participación ciudadana y construye una sociedad civil democrática a diferencia de la polarización que genera la violencia. Las actuales manifestaciones de descontento en la isla demuestran que la sociedad está lista para una estrategia noviolenta coordinada, y advierte que la oposición cubana debe dejar de depender de una intervención de los Estados Unidos, para asumir con autonomía su propia movilización.
Imagen creada con Gemini IA

En la historia de los pueblos, las formas de lucha han marcado el destino de las naciones. Cuba no es la excepción. Hoy, frente a la crisis prolongada y el desgaste social, se impone reflexionar sobre cuál es el camino más eficaz y menos destructivo para alcanzar un cambio real. La respuesta, a mi juicio, está en la Noviolencia activa.

La superioridad de la Noviolencia frente a la violencia es evidente. No solo reduce el número de muertos y heridos, sino que despierta la conciencia ciudadana y fomenta la participación. Además, permite crear instituciones embrionarias de la futura sociedad civil, fortaleciendo la democracia desde sus cimientos. A diferencia de la violencia, que genera polarización extrema y destruye proyectos de país, la Noviolencia abre espacio para la cohesión social y la construcción de un futuro compartido.

El momento actual es propicio. Como bien señaló Gene Sharp, la efectividad depende de escoger el tiempo y los medios adecuados. Hoy, las manifestaciones espontáneas de descontento que recorren la isla son prueba de que la sociedad está mucho más preparada para canalizar su energía hacia una estrategia noviolenta. Lo que antes parecía impensable, ahora es una realidad palpable.

En cuanto al papel de Estados Unidos, es necesario ser claros. La política norteamericana está marcada por su déficit y deuda pública, lo que limita su capacidad de intervención directa. Sin embargo, para algunos sectores —especialmente dentro del gabinete republicano y el movimiento MAGA— Cuba es vista como una prioridad estratégica, tanto por su cercanía geográfica como por el papel que juega en la influencia de China y Rusia en el hemisferio. Aun así, esa percepción no se traduce automáticamente en acciones concretas.

Históricamente, una buena parte de la oposición prodemocrática cubana ha cometido el error de esperar a que los EE. UU. “nos saquen las castañas del fuego”. Esa actitud ha generado desmovilización interna y dependencia política, debilitando la autonomía del movimiento opositor y haciéndolo vulnerable a los vaivenes de la política estadounidense.

El contexto internacional tampoco favorece una intervención externa. Washington enfrenta múltiples frentes abiertos: el conflicto con Irán, la invasión rusa a Ucrania, la doctrina nuclear de Moscú, la posición desafiante de Corea del Norte y la carrera armamentista de China. A esto se suma el combate al narcotráfico en el hemisferio occidental. En medio de esa dispersión, Cuba no ocupa el centro de la agenda. Por si fuera poco, China y Rusia han declarado a Cuba como aliado estratégico y difícilmente permitirían una intervención militar que pusiera en riesgo sus intereses.

El corolario es claro: los cubanos no podemos seguir esperando por nadie. La lucha será dura, pero la Noviolencia activa ofrece un camino más humano, más democrático y más sostenible hacia el cambio. Es un imperativo histórico y moral que nos corresponde asumir con responsabilidad y valentía.

 
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