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La Constitución traicionada: los mitos del castrismo al desnudo
16-08-2026 | El castrismo traicionó la legitimidad democrática de la Constitución de 1940 para erigir un régimen de poder absoluto, despojando al ciudadano de su soberanía y convirtiendo la justicia social en un igualitarismo que distribuye pobreza. A través del antimperialismo y un falso internacionalismo, el régimen impuso la opacidad y el sacrificio de vidas en misiones extranjeras para sostener su control. El análisis concluye que se evitó la aplicación de la constitución original para no limitar el poder absoluto de la élite gobernante.

En su alegato La historia me absolverá, Fidel Castro invocó la Constitución de 1940 como bandera de legitimidad. Pero una vez que se hizo con todos los hilos del poder, la relegó y la postergó. Aquella carta magna, inspirada en el constitucionalismo social de México y Weimar, consagraba la República, la democracia y la libertad, además de un amplio catálogo de derechos sociales y culturales. Era el marco perfecto para construir justicia social sin necesidad de comunismo. Sin embargo, fue traicionada.

Soberanía sin ciudadanos

El castrismo convirtió la soberanía en una cortina de humo. Se habla de soberanía nacional, pero se niega la soberanía ciudadana. En Cuba, el ciudadano fue aniquilado y sustituido por el súbdito. La prueba está en la negativa sistemática a permitir la entrada de relatores de la ONU en materia de derechos humanos, así como de representantes de la Unión Europea en el marco del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación. En momentos trascendentales y peligrosos, el régimen se atrinchera en la opacidad. Los móviles entronizados son espurios.

La justicia social convertida en pobreza

La justicia social se prostituyó en nombre del igualitarismo forzado. Se empareja hacia abajo, se reparte pobreza, se niega la dignidad. La verdadera justicia social requiere libertad y respeto a los derechos individuales, no paternalismo subyugador. En Cuba, el pueblo está a merced de decisiones tomadas a puerta cerrada.

Antimperialismo como arma política

El antimperialismo se convirtió en arma política. Se manipuló el nacionalismo y el chovinismo para justificar un enfrentamiento radical con Estados Unidos, mientras se subordinaba el país a la órbita de la URSS, una potencia autocrática y atrasada. La historia demostró que fue un error estratégico y moral.

Internacionalismo y solidaridad: propaganda y huellas indelebles

El internacionalismo se transformó en propaganda. Exportar poder blando, comprar votos en organismos internacionales, gastar recursos que debieron destinarse a infraestructura y servicios básicos. La máxima del régimen fue clara: “damos lo que tenemos, no lo que nos sobra”. El sacrificio lo pagaron los cubanos, sin derecho a protestar. 

Pero hubo un capítulo aún más grave: las misiones militares en África, que dejaron huellas indelebles en la política exterior cubana. Miles de vidas se sacrificaron en guerras ajenas, mientras la isla se hundía en carencias. Fue uno de los aspectos más oscuros y costosos de la estrategia internacional del castrismo.

La solidaridad, por su parte, se convirtió en un mecanismo de legitimación externa. No fue solidaridad auténtica, sino un instrumento de propaganda para sostener un poder absoluto.

La pregunta incómoda

Si la Constitución de 1940 consagraba la República, la democracia y la libertad, ¿por qué las élites del castrismo nunca invocaron sus móviles prístinos para implementarlos? La respuesta es incómoda, pero evidente: porque hacerlo habría significado reconocer la dignidad del ciudadano y limitar el poder absoluto. Y eso es lo que el régimen jamás estuvo dispuesto a permitir.

 
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