
Introducción
La Asamblea General de la ONU ha sido escenario de votaciones recurrentes contra el embargo estadounidense a Cuba. Sin embargo, estas resoluciones reflejan más un entramado de alianzas políticas y conveniencias estratégicas que un compromiso genuino con la democracia y los derechos humanos. El reciente evento confirma que la ONU, tanto en su Asamblea General como en el Consejo de Seguridad, ha resultado inapropiada para enfrentar los desafíos para los cuales fue concebida.
Desarrollo
1. Resultados de la votación y legitimidad democrática
La última convocatoria impulsada por el castrismo obtuvo 136 votos a favor, 9 en contra y 30 abstenciones. La mayoría de los países que apoyaron a Cuba son, según el Democracy Index 2025 de The Economist Intelligence Unit, autocracias, regímenes híbridos o democracias imperfectas. Las democracias plenas fueron minoría, lo que cuestiona la legitimidad democrática del respaldo.
2. Limitaciones estructurales de la ONU
- Diferencias de desarrollo y cultura política entre Estados miembros.
- Intereses económicos y comerciales que pesan más que principios democráticos.
- Estrategias de cooptación de grandes potencias (EE.UU., China, Rusia).
- Carácter no vinculante de las resoluciones.
La estrategia de cooptación de grandes potencias merece aclararse: China y Rusia utilizan su influencia económica y militar para respaldar a Cuba y ampliar su presencia en América Latina, mientras EE.UU. mantiene su embargo como presión política, aunque ello lo aísle diplomáticamente. La UE, por su parte, adopta una postura intermedia, criticando el embargo pero exigiendo reformas internas en Cuba.
3. La posición matizada de la Unión Europea
La UE criticó el embargo por sus efectos humanitarios, pero exigió a Cuba romper con Rusia y emprender reformas internas, incluidas las democratizadoras. Esta postura refleja una visión más equilibrada, aunque insuficiente para modificar la dinámica de la votación.
4. El valor de la intervención de EE.UU.
La intervención del representante estadounidense, Mike Waltz, merece destacarse por varias razones:
- Principios frente a derrotas diplomáticas: EE.UU., pese a recibir derrotas diplomáticas año tras año frente a una autocracia empobrecedora, mantiene una posición de principios. Esto demuestra un compromiso invaluable con valores, actitudes, creencias e instituciones democráticas.
- Renuncia a beneficios económicos: Desde el punto de vista comercial, EE.UU. está en mejores condiciones que cualquier otro país para obtener ganancias si normalizara relaciones con Cuba. Sin embargo, se abstiene de hacerlo para sostener su postura de principios.
- Dimensión geoestratégica: La retirada estadounidense ha dejado espacio para que potencias rivales como Rusia y China amplíen su influencia en el archipiélago. Aun así, Washington mantiene su posición, consciente de que ceder sería legitimar un régimen autoritario.
5. Comparación con el embargo al apartheid sudafricano
Un aspecto revelador es la comparación entre el embargo estadounidense contra el régimen del apartheid sudafricano y el embargo contra el castrismo:
- Apartheid sudafricano: Fue condenado de manera casi unánime en la ONU, considerado una violación flagrante de los derechos humanos. El embargo fue visto como una herramienta legítima para presionar por el fin de un sistema racista y excluyente.
- Castrismo cubano: Aunque también es un régimen excluyente y represivo, la mayoría de países condenan únicamente el embargo estadounidense, sin condenar las restricciones internas impuestas por el propio régimen cubano.
Esta diferencia demuestra el peso de la politización y de las alianzas de conveniencia: lo que en un caso fue considerado un instrumento legítimo de presión, en otro se presenta como una injusticia, ignorando las similitudes en la naturaleza excluyente de ambos sistemas.
Conclusión
La ONU ha demostrado ser incapaz de enfrentar los desafíos para los cuales fue concebida. Las votaciones sobre Cuba reflejan más las alianzas de regímenes autoritarios que un consenso democrático. La posición de la UE muestra matices, pero no altera la dinámica. En este contexto, la intervención de Mike Waltz se convierte en un ejemplo de coherencia y compromiso con principios fundamentales, incluso a costa de derrotas diplomáticas y pérdidas económicas y geoestratégicas.
La comparación con el embargo al apartheid sudafricano revela la inconsistencia y la politización de la comunidad internacional: se condena un embargo como injusticia, mientras se legitimó otro frente a un régimen igualmente excluyente. En definitiva, el caso de Cuba confirma que la ONU es un escenario donde las autocracias logran victorias simbólicas, mientras que las democracias enfrentan el dilema de sostener sus valores en un entorno adverso.