Peticiones
Excelentísimo señor Antonio Gutérrez Secretario General Organización de Naciones Unidas ONU
7 de noviembre de 2017
Por la presente vía, desde el Movimiento Cubano Reflexión (MCR), nuestra organización ilegal, estigmatizada por la dictadura cubana, le hacemos llegar nuestro mensaje de condena a toda esa burla cruel, donde se insiste en presentarnos como un pueblo feliz por arrastrar nuestras cadenas.

Excelencia:

Ya se ha llamado muchas veces la atención sobre el hecho de un sistemático ejercicio de mentiras, sostenidas siempre como espectro de proyección entre los representantes del totalitarismo.

Con audacia y apariencias de solemnidad pública, los autoritarios recalcitrantes recurren al elemento de farsas apologéticas para ponderar un exitoso ejercicio de aplicación en el sistema disfuncional que persisten en sostener, pese al sentido contrario y concluyente mostrado por la práctica de 59 años de dictadura vitalicia en Cuba.

Proclamar éxitos donde sólo existe estancamiento, involuciones sistémicas, improductividad, abulia general y desmotivaciones, más allá del disparate colosal, constituye una burla al sentido común, al sufrimiento de una nación que sigue atenazada por un corset de hierro ocupado de coactar toda expresión de libertad y la muestra más consistente de que el Estado totalitario es la antípoda mayor de los derechos humanos.

En noviembre del 2016 escribí un artículo donde expuse mi opinión sobre el resultado final de las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Entonces, dejé claro como podría proyectarse el esquema de política exterior desde Washington a La Habana en el caso de que Donald Trump ganase y resultara electo como sucesor de Obama.

Mis especulaciones en torno a ese medular asunto fueron muy mal recibidas en la cúpula autoritaria de la Inquisición que padecemos en la Isla y el 16 del mes citado, a solo 72 horas de esos incómodos comentarios fui arrestado y sumarísimamente procesado en un insólito Expediente Policiaco, incoado por “tráfico de personas”.

El meollo de la acusación argumentaba que dos personas que conocía, y otra de completa novedad en mi vida, habían decidido entregarme dinero en efectivo, con el propósito peregrino de abandonar el país por el conducto de presuntas fuentes ligadas a mí.

Era algo absolutamente burdo, incluso para las instituciones que se ocupan de acciones policiacas inteligentes, ocupadas como regla de organizar ese tipo de fraudes legales dirigidos a incriminar la inocencia criminal de los disidentes cubanos.

Por eso, ni siquiera atropellando toda noción de justicia con la fuerza pudo sostenerse semejante arbitrariedad en la confrontación las falsas víctimas, pues no hubo modo de presentar los visados que supuestamente yo había garantizado.

Pero a la mañana siguiente cambian el escenario, trasladándome desde la dirección de Instrucción de la Seguridad del Estado a la Estación Provincial de Investigaciones Criminales de la provincia de Villa Clara.

Todo en el mismo territorio, solo cambió la sede represiva pues el guión no suprimió a los improvisados y falsos testigos.

Ahora la novedad en materia de tipificación delictiva se remitía a una pretendida “Estafa” pues el cambio sustantivo aseguraba que recibí el dinero, pero… ¡no resolví los visados!

Así pude afirmar, con la consciencia tranquila y seguro de que era un planteo irrefutable, antes, en el proceso de instrucción, y luego, en la audiencia oral, que jamás podrían incriminarme basando la acusación en una evidencia probada.

Uno de los tres falsos testigos se derrumbó en pleno juicio oral y entre sollozos de impotencia y vergüenza, admitió que todo no era otra cosa que una completa mentira de la cual se hizo parte al ser amenazado en el sentido de perder el trabajo y su libertad en caso de negarse a ser parte en toda esa farsa legal.

Eso lo dijo en una audiencia saturada de elementos pertenecientes a las tropas especiales de la Seguridad del Estado y la Policía Nacional, destacados allí en aparatosa desproporción numérica con la realidad de un prisionero político cubano de 64 años, encadenado, inocente y aquejado de patologías cardíacas sensiblemente graves.

Con ese inesperado arranque catártico de sinceridad se derrumbó todo esquema impresionista y la acusación sucumbió, ante el peso de esa y otras verdades manejadas por quien suscribe y por un abogado, que, sin atacar la antijuridicidad habitual en ese tipo de procesos espurios, desentonó con la consabida sumisión de los defensores ante el todopoderoso fuero de los inquisidores cubanos.

El insólito episodio de desobediencia a la Inquisición eliminó la posibilidad de sancionarme, pese a los 10 años de punición en prisión solicitados por el Ministerios Público.

Y como las instituciones represivas se quedaron sin falacias para legalizar un castigo decidido previamente, entonces la absolución de ser confinado injustamente por una década fue sustituida por el subterfugio anticonstitucional de revitalizar una condena de 18 años, aplicada contra quien suscribe y suprimido su dictado por un perdón presidencial a los 22 meses de cumplimiento.

Ese tiempo extinguido más 25 meses de su disfrute en libertad, deducen 4 años de los 18 y para justificar toda esa vendetta política en mi contra, ahora argumentan que esa pena “en suspensión” volvía a entrar en vigor.

Y de ese modo expedito, en condición binaria inobjetable de juez y parte, se me somete a prisión forzada conociéndose que en las dos ocasiones anteriores de mi paso por el presidio fui declarado como no compatible con el medio penitenciario, al padecer de 4 patologías de Corazón, 4 de columna vertebral y una de Hígado.

Tampoco las autoridades inquisitoriales se toman en serio que forzarme a subvivir en las condiciones infames del presidio en Cuba ha degradado mi salud y se impone racionalmente, pensar en secretos designios de provocar una segura muerte sin ninguna posibilidad de evitarla, precisamente por obligárseme a coexistir en un ambiente prohibido para mí.

Excelencia:

Le ruego excuse la obligada reseña del vía crucis que he debido tolerar en un año de arbitrario predominio de coacciones, pero era necesario la exposición de tal síntesis Kafkiana que aún sin remitirla a detalles de abusos, escarnios y todo tipo de infamias dirigidas al empeño inútil de doblegar, cuando menos dejan claro la esencia del modo en que se trata la justicia en Cuba.

Mi caso es uno entre muchos, el contructo subcultural de extorsión al pensamiento libre con modelos de aplicación intimidante que se apoyan en violencia verbal o física, según el patrón coyuntural de motivación, es cuanto ha perdurado en el tratamiento programado para los prisioneros en Cuba.

Pero la propaganda de la dictadura apela a mentiras públicas para el dibujo rosa de sombrías verdades y se autoproclama paladín planetario de los derechos del hombre, así como el modelo Probo a imitar en el tratamiento humano a los prisioneros.

En el sostenido propósito de cimentar megamentiras como esa y otras afines, las tiranías en la historia inciden en la misma dirección mediática.

Así, toda abominación fecundada en feroces úteros de crueldades sin nombre, se presentan al mundo con denominaciones de siniestros eufemismos.

Los nazis llamaban campos de trabajo a sus concentrados de masivos exterminios, Stalin presumía de las condiciones ideales en su gulaps sin muros donde estrangulaba la disidencia en una Siberia que cariñosamente ofrecía a lo prisioneros temperaturas entre 40 y 50 grados bajo cero, capaces de fulminar un ser humano expuesto a la intemperie.

Pero igual, el fariseismo de sus ideólogos y la justificación de sus verdugos, era presentar tales horrores en forma de logros superiores que rendían culto al derecho ortodoxo a recibir tratos justos en condición de confinado.

En estos días de viraje estratégico en la política hacia Cuba materializada por la saliente administración del ex Presidente Barack Obama, unos Estados Unidos conducidos por el liderazgo de Donald Trump se decantan por volver al estatus anterior a diciembre del 2014.

Entre junio y el presente noviembre se verificó un cambio total de actitud con respecto al gobierno de Cuba, cuyo notorio resultado se traduce en un endurecimiento de medidas restrictivas dirigidas a no permitir oxigeno capaz de estimular el reforzamiento de la dictadura.

Señor Secretario General:

Uno de los monumentos democráticos más insignes de todos los tiempos es la Declaración de Independencia de los Estados Unidos; en su texto se consagra la influencia del pensamiento político liberal otorgando el principal sentido de un gobierno hacia la protección de la vida, la libertad y la propiedad de los ciudadanos.

Así, todo individuo debe tener acceso y derecho a invertir su patrimonio donde lo decida, sin restricciones impuestas dirigidas a coactar un derecho.

El embargo económico contra la dictadura en Cuba fue decretado en 1961 bajo la administración del Presidente John F. Kennedy en una orden ejecutiva como respuesta a la expropiación sin resarcimiento, de propiedades estadounidenses en Cuba por decisión arbitraria de Fidel Castro, el dictador de la isla.

Las sanciones que se implementan en el embargo no lograron hasta aquí quebrar el sistema totalitario de La Habana, ni tampoco se obtuvieron modificaciones en su naturaleza despótica que actuasen positivamente sobre el oneroso yugo aplicado contra nuestro sufrido pueblo.

Los argumentos para destacar ese fracaso y actuar en sentido contrario en busca de resultados dirigidos a refundar el abortado estado de derecho en Cuba, igual de estériles en la concreción de un rumbo más ortodoxo a través de reformas estructurales que no se materializan.

La bizantina idea de involucrarse con la dictadura en el enfoque de repudio público al embargo en busca de racionalidad y tendencias a la flexibilización en la cúpula de La Habana, crea un efecto boumerang que aporta legitimidad mediática a la acción antijurídica responsable de eclosionar las premisas para ese episodio de respuesta norteamericana que ya arribó a su cumpleaños 56.

Y además se ignora deliberadamente la realidad fehaciente de que hoy no es el ayer donde se implementó esa respuesta al despojo del gobierno cubano de propiedades norteamericanas.

Tirios y Troyanos conocen muy bien que esas justas demandas puede ser atrás, para dar paso a una cuestión de compromiso ético con el sufrimiento de un pueblo privado de todos sus derechos.

Paradójicamente, eso entraña una posición política concluyente y es claro que asusta asumirla en muchos actores dispuestos a seguir el juego de extemporáneos sofismas que brindan mayor comodidad para no irritar a un gobierno con probada eficacia, en convertir lo negro en blanco y presumir de abominaciones que se presentan luego como efectos recibidos en carácter de víctimas.

De ese modo, los Estados Unidos son satanizados por un discurso plagado de silogismos altisonantes desde representantes del totalitarismo ilustrado legado por Fidel Castro.

Y con el singular espaldarazo de ese apoyo diplomático en las Naciones Unidas, recibe año tras año la perspectiva de vender la imagen de plaza sitiada, de macerada indefensión y de recibir los efectos de una política aniquilante que en realidad llena de oxigeno a un sistema, que, en estrictos términos jurídicos, se dirige al castigo proporcional con el daño terrible causado.

Jamás he estado en el interior de Naciones Unidas, pero imagino que el rostro impávido de los representantes de países aliados a EE. UU, no muestra la vergüenza interior ni la desazón generada por el autoimpuesto

imperativo de sostener una causa donde se usa como excusa para olvidar el destino trágico del pueblo cubano, un extraño rasero de rimbombancias anquilosantes y extemporáneas.

En este 2017 que ya termina, una vez más, la abrumadora mayoría de los miembros activos de Naciones Unidas, 191 de 193, se pronunciaron contra el embargo.

Incluso, en esa lista figuran muchos actores que censuran el fundamentalismo feroz conque se aplastan los derechos inalienables de los más de 11 millones de cubanos.

Lo ¿extraño? es que no se traduce a lenguaje nacional la otra de dos partes integrantes de una dicotomía, sujeta al aumento de perceptibles incoherencias, en la misma medida que crece el número de quienes creen que pronunciarse contra la fuerza coactiva del embargo, generará premisas consistentes para propiciar, por las buenas, un cambio de actitud hacia posturas relativistas que continuan, sin aparecer en una Cuba donde el Estado de Derecho fue liquidado hace ya seis décadas.

El sentido común no puede sustraerse de tal contradicción, que en términos racionales carece de argumentos justos en condiciones de sustentarla y eso la hace más absurda.

Los códigos políticos convencionales pasan por raseros estrechos en la Posmodernidad que todo lo reduce e interconecta.

Cualquier actitud pública debe basarse pues, en patrones éticamente sostenibles y de no ser así, trascenderán resultados ambiguos o enmascarados por subterfugios dirigidos a sustituir la verdad.

La insólita adhesión diplomática al totalitarismo cubano se ha convertido en un espaldarazo cómplice, cuyos efectos políticos visibles convergen en el sostén impúdico de una tiranía lastrada por un desempeño inalterable durante 59 años, dirigido a estratificar la represión al pensamiento relativista en la isla.

En ese espectro contextual irresponsable, el Presidente Barack Obama, que precedió a Donald Trump y pasó a la historia como el arquitecto del proyecto de concesiones al gobierno cubano, se apoyó en la base teórica que descalifica al embargo como una actitud política varada en el tiempo.

Según su doctrina, con tal aplicación no se cumplió en más de medio siglo el propósito de que La Habana materializara reformas estructurales capaces de democratizar la nación cubana.

Obama hizo cuanto pudo en esa dirección, que no fue poco, por cierto, ni por ello resultó reconocido por parte de la cúpula del sultanato, el ingente esfuerzo de acuerdo con sus prerrogativas como Primer Magistrado del Poder Ejecutivo en los Estados Unidos, insuficientes en definitiva para anular una resolución del congreso con fuerza de ley, pero con prerrogativas capaces de disminuir sus efectos.

Nada pudo obtener del recalcitrante modelo de gobierno antirelativista de La Habana una actitud conciliadora del Primer Presidente afroamericano de la historia.

Y tampoco los 191 votos de condena al embargo logran una concesión mínima del régimen cubano.

Por el contrario, no sólo continua la ofensiva indiferencia de los ayatolas de La Habana por el estado de afrentas que su sistema depara a los cubanos en la isla, sino que, con cada espaldarazo anual de apoyo en la ONU, se intensifica la intolerante ferocidad diplomática con que ese mismo gobierno reprime a quienes luchamos por reivindicar los derechos humanos de nuestro pueblo.

El voto abrumador de 191 miembros de Naciones Unidas contra el embargo no sólo significa igual cifra de fracasos en una política condenada también al inútil empeño de propiciar rumbos democráticos en el régimen cubano, si nos guiamos por razonamientos que se invierten ineluctablemente en la pirámide de intención.

Lo único que se refleja como claro en ese bodrio político indigerible a degustaciones ortodoxas, es que la tradicional testosterona pública conque La Habana enfoca sus diferendos políticos, inmoviliza mucho más con esas transmisiones generosas de ADN energético global.

Mientras, en el centro del sándwich, más de 11 millones de cubanos atrapados como rehenes del absurdo, la veleidad y conveniencias de pertenecer a la mayoría, esperando ser tratados por tan colosal abulia.

Yo me cansaré de repetir que nuestro amigo de siempre, del único de donde nos llega la adhesión, permanencias y lealtades, es precisamente desde unos Estados Unidos alineados con nuestras prioridades en materia de derechos.

Contra la incomprensible ceguera de 191, brilla la verdad de que el apoyo a ese estado paria entronizado en La Habana se convierte además en 191 errores usados para estimular acciones como las que desencadenaron la respuesta al robo de propiedades ajenas en 1961, sin compensación, que se tradujo en el embargo al gobierno culpable.

Y todavía hay algo peor, o donde se demuestra la fascinación neurótica que el totalitarismo derrotado en la guerra fría aún ejerce sobre la voluntad de muchos nostálgicos, y en la de otros, temerosos de quedar expuestos a incluirse en la minoría.

Excelencia:

Ahora mismo, el señor Bruno Rodríguez Parrilla, en el septuagésimo segundo plenario de la ONU celebrado recientemente, decidió replicar el discurso del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en sus referencias a violaciones sistemáticas y crueles de los derechos humanos en Cuba.

Con frases estereotipadas y sostenidos clichés asumidos por otros de sus homólogos que en el pasado perdieron el favor del Caudillo, pese a sus perennes apologías, el canciller de la dictadura cubana expresó reiteradamente la supuesta falta de autoridad moral del Presidente y del sistema de vida norteamericano en general para criticar el impío manejo de los derechos humanos en Cuba.

Entre otros cuestionamientos capitales se remitió al maltrato policial sobre detenidos y presos, especialmente contra los ciudadanos de la raza negra.

El ministro del totalitarismo cubano parece desconocer las realidades orgánicas de su propio país, ignora o parece no estar familiarizado con determinadas y muy fuertes presencias maléficas en nuestra sufrida isla.

Nuestra realidad ofrece un panorama distinto y sombrío en el destino de esa misma raza negra, en teoría aupada, protegida y en igualdad étnica con el resto de sectores poblacionales.

Algunos datos reflejan una estadística que desmienten los sofismas del Canciller.

Así, tenemos que, del total de población penal en el país, el 80 porciento, o sea las cuatro quintas partes del todo neto, pertenecen a la raza negra y sus mezclas afines.

De cada 10 personas que reciben abusos físicos y vejaciones a su dignidad en las estaciones de policía o prisiones, 9 pertenecen a la raza negra.

De 10 quejas elevadas a las autoridades que integran la Fiscalía Militar y demás dependencias institucionales, facultadas para promover procesos donde se juzgan maltratos a reos y no prospera ninguna, siete pertenecen a la raza negra.

Por cada cien impugnaciones de sentencias en apelaciones a tribunales de instancia provincial, o recursos de casación interpuestos ante el supremo, por quebrantamientos de forma o violación de procedimiento, se rechazan como regla todas y las excepciones se producen a lo largo de períodos quinquenales o decenios.

Del ciento denegado, 75 pertenecen a la raza negra.

¿Cómo es posible entonces hablar de equidad racial, remitirse a pretendidas igualdades en el origen que el gobierno cubano ha amplificado con el ejercicio de conductas que llevan a resultados como los expuestos arriba?

En la composición de las estructuras formales del poder, representadas por el Comité Central, Secretariado y Buró Político del mono partido comunista, la Asamblea Nacional, el Consejo de Ministros y el Consejo de Estado, continúa menguada la representación de la raza negra pese a cuanto se diga en sentido contrario.

Utilizar ese subterfugio para reflejar praxis de justicia social y construcciones integrales de sociedades edénicas, pertenece al discurso inconsecuente de los demagogos totalitarios, que reclaman del mundo atención, apoyo y prosélitos, a sus modelos sociales “perfectos”, apoyados tan sólo en falsos populismos que propagandas capciosas insisten en representarlos como símbolos de utopías concretables.

A los cubanos no pueden sorprendernos tales sofismas inducidos con el propósito de dividir la sociedad para gobernar con manipulaciones sensibles, a ciudadanos presa de resquemores y prefabricadas reservas.

Como antecedente mayor en ese atizamiento que se dirige a crear ambientes de odios raciales, fraternales, xenofóbicos, políticos y confesionales, Ernesto Guevara, medico argentino conocido por el Che, mientras la finada Unión Soviética llamaba a la coexistencia pacifica en los años 60, predicaba con demente frenesí en todo el tercer mundo “la necesidad de crear muchos Vietnam”, o focos de guerra anti E.U.

El factor de inserción plena de la raza negra en la sociedad, sensible y medular fue manejado inescrupulosamente por el Fidelismo con el deliberado propósito de integrar revolucionariamente y por la fuerza de apariencias al área jurídica de reparaciones históricas, morales y existenciales, a un grupo humano que en superados períodos de nuestra evolución nacional fue esclavizada.

Así, los representantes del sistema serían venerados por los cultores de lo justo y por quienes no tenían responsabilidad generacional en materia de culpas, pero el color blanco de su piel los convertían en parte de improntas responsables de cuanto hicieron sus ancestros en un pasado que había quedado atrás en el tiempo, y los estratos naturales de integración, redimirían por la acción de la civilidad y la tendencia de una sociología tolerante que se fortalecía con el progreso del relativismo.

Ese enrevesado patrón de discurso, en su demagogia saturada de contradicciones e insuperados conceptos binarios, en que el supremo aparece como el redentor de sufrimientos y ultrajes históricos, prevé reacciones estimulantes de rémoras y prevenciones dirigidas a estimular las distancias raciales con las apariencias resonantes de sentido contrario.

El hombre de raza negra tiene así la herramienta poderosa en el apoyo estatal pleno que lo convoca a recuperar su derecho a una igualdad ignorada por la acción de otro grupo humano y eso viene, precisamente, de un aspirante a Mesías, cuya piel es de exacta pigmentación a la de aquellos que impusieron ese orden injusto y atroz que, por otra parte, son ahora mismo reminiscencias negativas superadas en el tiempo.

Resultados predecibles en toda labor de zapa indican simpatías y adhesión en quienes ven a un redentor en el titán de su noble causa, pero serán manipulados par demorar en integrarse a quienes por tener blanca la epidermis, representamos vivencias trágicas, unidas a remembranzas que sólo son superables dejando de lado reservas extemporáneas.

Se cumple así, diabólicamente concebido y remitido a fanfarria publicitaria perenne, el principio básico de todo autoritarismo populista enfilado a dividir para mantener en un puño a todos, contando con el concurso y la adhesión de la mayoría en cada una de las partes que aprecian a la inquisición totalitaria, como lo único coherente y símbolo del poder que la práctica representa en capacidad de proteger y representar a todos.

Y es que los decretos no establecen premisas sustantivas donde pueden apoyarse cambios necesarios en la tradición y sicología de los pueblos.

La cuestión etnológica y toda diferencia cuyas bases se encuentran en sustratos históricos no es algo insertable condicionada por cambios bruscos, dependiendo de la voluntad política de quien esté al mando en el país.

El problema medular de la abolición de la esclavitud en Cuba, necesitó una evolucionada integración de todos los factores que interactuarían en la inexorable tendencia a la homogeneidad vernácula por gestarse, y en su

conjunto, de interactuación y protagonismo de aproximación, o compartido por intereses comunes en las espirales de la formación nacional.

Pero precisamente es en ese ejercicio de sublime justicia donde pueden triangularse la auténtica equidad social, con el derecho y la ética.

Fomentar el recelo étnico y apelar a falsas emancipaciones con el uso de consignas, no pueden instituir el efecto en el que inciden los factores capaces de conducir a conceptos de pertenencia social y de destinos conjuntos que ofrecen el arraigo patrio y la seguridad emanada de acendro existenciales, cuando se es parte de un proceso que se percibe como algo insustituible y mucho más allá de rémoras y de revanchismos por pasados extemporáneos.

Sostener fórmulas que promuevan la apariencia de cambiar por decreto lo que precisa de sólida imbricación entre una voluntad política dirigida a dividir, para gobernar con la menor oposición posible, es tan solo ejercicio de tiranías, que establecen el control sobre pueblos enteros con ideologías cuyos núcleos se fundan en las entelequias, que separan a través de divisiones prefabricadas y repugnantes.

Manipular lo que en teoría aparece como justo, imprescindible y puntual para todos los tiempos no es altruista, ni honesto y menos, moral.

Todo eso forma parte del arsenal demagógico de la izquierda residual totalitaria, cuyas improntas de mentiras y plagios, de inescrupulosidad e intolerancias, marchan siempre por la senda retorcida de caudillismos mesiánicos para gobernar sociedades coactivas, que se refundan con tales métodos orwellianos.

Secretario General:

Estados Unidos, su sistema social y sus resultados en materia de derechos humanos, tolerancias alcanzadas y relativismo, tiene muchísimo que enseñar al representante de una aberración de gobierno autoritario que contaminó lo jurídico y lo ético, hasta destruir sus resonancias públicas y su conexión de inmanencia con la idea sagrada del derecho a conservar identidades y libertad individual.

Al líder de una nación como esa le sobra autoridad moral para hablar sobre derechos humanos, a la cabeza de una Norteamérica que premia el esfuerzo personal, protege sus ciudadanos con leyes, garantiza la libertad de opinión y sus valores están abiertos al reconocimiento y retribución del brillo individual, sin menoscabo del color de su piel, credo o género.

El sistema de estrellas, la política, el mundo empresarial, el arte y la cultura en general, incluyen a negros, blancos, latinos, asiáticos y sus mezclas, y ya un afrodescendiente ejercitó la presidencia de la nación durante 8 años.

En 1958, el período inmediato anterior a la forzada implementación de la dictadura Fidelista y en medio de un gobierno autoritario regido por otro caudillo militar de derecha, la situación económica y financiera de la isla era un referente para el hemisferio y el resto del mundo integrado por sociedades subdesarrolladas.

El peso cubano tenía un valor reconocido por el sistema monetario global de 1.05 con respecto al dólar norteamericano, con la mitad aproximada de la población actual de unos 11 millones y medio de habitantes, la isla disponía de una agricultura autosuficiente, de tierras feraces, de impresionante ganadería equina, vacuna y ovina, así como de una infraestructura fabril en la industria azucarera de calidad excepcional y producciones cuantiosas, que convirtieron nuestra ínsula en el primer productor del dulce en el mundo.

A muy pocos cubanos les motivaba emigrar y aquellos valores de tradiciones sacrales como la lealtad, el sentido de la amistad y un acendrado amor y arraigada pertenencia a la familia, eran el centro de los intereses sociales y morales en las prioridades de seis millones de cubanos.

Nuestra realidad de hoy se presenta sombría, se construyeron diseños de recelos que dividieron la familia, subvaloraron los fuertes vínculos de la tradición consanguínea, e incluso los muy arraigados de origen patriarcal.

El cubano dejó de confiar en padres, cónyugues, hermanos y demás familiares, la lealtad que caracterizó el tema de los amigos se extrapoló hacia el Caudillo al convertirse en una especie de supermatríz desde donde todo parte y todo se controla también.

Los modelos impuestos de vigilancia en los barrios, casa por casa, el poder completo de una policía omnímoda y dotada con los más ingentes recursos nacionales, se acrecientan con las envilecidas acciones de gran cantidad de delatores espontáneos o permanentes, que cambian dignidad por un relativo estado de seguridad, para evitar encontrarse en el papel de víctimas reprimidas.

Después de 59 años, el treinta por ciento de la superficie cultivable del país está poblada de Marabú y otra elevada porción ha perdido feracidad.

El caos, la anarquía jerárquica y una burocracia parasitaria, se ocupan de restarle dinamización a una economía no competitiva y con una crónica tendencia a la corrupción.

Total, los cubanos vivimos en el disfrute de un estado que garantiza por medio del terror represivo la no violencia entre prisioneros.

En la prisión “Guamajal” donde estoy confinado no se ha producido un solo hecho de sangre de interno a interno en los últimos dos años, existe un pavor paralizante en la sola idea de pensar los eventuales autores en las salvajes golpizas que vendrían desde los guardianes, luego de consumadas las riñas.

El gobierno cubano puede asegurarlo con total certeza, los episodios sangrientos en sus cárceles hoy se concretan de guardianes a prisioneros, y desde luego, el omnipresente silencio de sus víctimas hace al carnicero, más cruel y determinado con las pobres ovejas.

Excelencia, ya termino:

Desde los intersticios de un Estado gendarme que se integra en un odio irracional hacia quienes no pensamos en la sintonía impuesta por el oficialismo, seguiremos luchando por reivindicar el ejercicio de nuestros conculcados derechos.

Es de muy difícil comprensión asumir la realidad de un mundo atrapado en las falsas apariencias contenidas en el mensaje mediático, donde se representan los hechos a partir de culpas sometidas a engañosas fragmentaciones presentadas en el papel de inocencias vejadas.

Hay en toda esa concepción una condición de esquizofrenia paranoide, que políticamente considera como muy perturbadora la presencia de personas con opiniones diferentes en franco disenso de lo considerado como inmodificable.

El enemigo a eliminar entonces, es quien pretende reclamar su derecho a pensar y decir cuanto estime diferente de la matríz política que se tributa desde el estado totalitario para ser acatado por todos.

Es el morbo de la sociedad sometida a semejante presión surrealista, porque en medio de sombrías imposiciones al hombre solo le resta la opción de vivir como cordero en una gran mentira, o revelarse contra tiranía semejante y enfrentar una salvaje represión dirigida a eliminarlo como una amenaza.

Pero el mundo parece olvidar en la globalización de tantos problemas, que millones de seres humanos se debaten ante el efecto de semejante presión coactiva, obligados a subvivir en contextos intimidantes y oprobiosos como ese.

Ese estado de surrealista enajenación aumenta sus espirales, cuando sus indefensas víctimas son obligadas al enfermizo espectáculo de asistir a ceremonias alucinantes, donde se dota a los verdugos con dádivas estimulantes pintando de colores rosas la explicación a su vesánica crueldad.

Parece en verdad muy snob considerar el asunto por su parte aprovechable y el archipiélago cubano se ofrece como fruta abierta y sugerente, a irrefrenables gulas de negocios por encima de nimios detalles, como ese que oculta detrás de la fachada mediática el látigo, las afrentas dirigidas a amedrentar y el emparedamiento, en el día a día de un pueblo entero.

Aunque todo eso impresiona fehacientes abominaciones, la defensa colectiva lo convierte en variante excusable dentro del cinismo nihilista de los tiempos.

Los que pese a todo disentimos de tanta distorsión (y dispersión) de valores regidos por abrumadores raseros mayoritarios, que casi obligan a su aceptación tácita, consideramos el asunto como preocupante postura que se aleja de lo racional y lo ortodoxo, asistida diligentemente por conveniencias priorizadas.

En realidad, no se nos invita a asistir en la nómina de quienes se autoriza para hablar en los foros internacionales.

Una y otra vez se nos privan del derecho a expresar nuestra opinión sobre la incidencia de esas farsas que condenamos, sin importar el precio a pagar por proclamar y defender sus posibles soluciones.

Por la presente vía, desde el Movimiento Cubano Reflexión (MCR), nuestra organización ilegal, estigmatizada por la dictadura cubana, le hacemos llegar nuestro mensaje de condena a toda esa burla cruel, donde se insiste en presentarnos como un pueblo feliz por arrastrar nuestras cadenas.

Y nuestra más acendrada repulsa a quienes se comportan como cómplices de esa repugnante imagen, corroborando el criterio de la tiranía que alardea de conducir una nación próspera que basa su felicidad en el disfrute catártico del maltrato físico y la represión salvaje de todos sus derechos.

De los amigos no llega el apoyo a sufrimientos y prejuicios, aunque tal doble rasero parezca tratarse de daño colateral.

La realidad asumible indica que el pueblo cubano deberá comenzar a preocuparse ante los nocivos efectos procedentes de tantos falsos amigos, excelencia.

Ojalá un día recibamos el amparo y la invitación para poder expresar el sentido de nuestras luchas por conculcados derechos, es esa tribuna mundial que hoy usted preside.

Atentamente,

Roberto R. Acevedo

Prisionero Político Cubano
Prisión “Guamajal”, Santa Clara, Cuba
A los 07 días de noviembre / 2017