Editoriales
 
El IX congreso de la Uneac, una puesta en escena al servicio del poder
Por Librado Linares García
10 de julio de 2019
Es entristecedor el panorama observado en este Congreso de la Uneac, pues refleja cuanto de sometido está el gremio. No hay nada más antitético a la creación artística e intelectual que la cerrazón totalitaria.
Congreso UNEAC Diaz-Canel

Desde los tiempos inmemorables ha existido un sistema o imaginario, enemigo de la libertad, el pluralismo y del Estado de Derecho, en el cual su concepción se describe en apretada síntesis como: la nación es un organismo homogeneo y unánime, a la cabeza del cual existe un monarca absoluto o su equivalente, que está compuesto por corporaciones, las cuales están cementadas por un sistema religioso. Compendio de: Historia de América Latina…Autor: Loris Zanatta

El régimen castrista posee una concepción organicista, a la cual le superpuso la institucionalidad del Socialismo Real, para acomodarse a su tiempo y conveniencia. La Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) es una corporación concebida para poner en actitud de obediencia al gremio. En la misma se subordina el ejercicio de cualquier derecho individual a las decisiones tomadas en dicha corporación, en otras palabras, el individuo (miembro de la institución) se diluye dentro del conjunto, o, mejor dicho, quiéralo o no, se convierte en un aguanta patas del orden establecido. No por gusto, a pesar de la enorme crisis de los paradigmas del totalitarismo y de la disfuncionalidad que se respira por todas partes, las diferentes sesiones estuvieron llenas de aplausos y asentimientos.

En este encuentro, el presidente designado Miguel Díaz-Canel se hizo eco de las palabras de su preceptor: “Fidel supo advertir el riesgo de perder nuestra mayor fortaleza: la unidad, la identidad, la cultura, con la avalancha colonizadora que avanza en los tiempos de la globalización…”. O sea, que desde esa perspectiva, todos debemos abdicar de nuestras libertades básicas y derechos fundamentales para estar en sintonía con tal entelequia. Una de las mayores conquistas en la historia de la humanidad, es haber logrado que la persona humana se constituyera en un sujeto de derecho, osea, eso que en la literatura especializada se denomina: el imperio de la soberanía del ciudadano. Si no fuera por las consecuencias funestas de esta proyección, se pudiera catalogar como infantil.

En este cónclave se retomó la frase, de corte francamente totalitaria, que pronunciara F. Castro en el discurso conocido como: “Palabras a los intelectuales”, que plantea: “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, lo cual nos da una idea de la zona del espectro político en que está ubicada la nueva hornada de dirigentes “socialistas”. El hecho que Miguel Díaz-Canel afirmara: “hay que hacer lecturas nuevas y enriquecedoras de aquellas palabras”, no le quita la carga peyorativa al asunto. Por el contrario, a la altura del 2019 este relevo generacional debía pedir perdón a los intelectuales, escritores y artistas y por extensión a la nación cubana en nombre de la “revolución”, por todo lo subyugante asociado a la frase.

Los políticos culturales del establishment siempre han denostado al “sistema capitalista”, porque promueve la mercantilización de la cultura, entre otros epítetos, pero en este congreso se hizo especial énfasis en como revitalizar el sistema empresarial o las llamadas industrias culturales, para sin miramientos ganar dinero a toda costa. ¡Una paradoja verdad!

Es muy preocupante las aseveraciones del titular formal del gobierno: Miguel Díaz-Canel, cuando manifestó que, “no van a dejar sus espacios culturales en manos de quienes sirven a su enemigo”, así también apostilló: “los límites comienzan donde se irrespetan los símbolos y los valores sagrados de la Patria”. Lo primero que me viene a la mente es la ambigüedad del artículo nro. 79 de la Constitución recién estrenada, que plantea: “Todas las personas tienen derecho a participar en la vida cultural y artística de la nación”; pero posteriormente aparece la coletilla mutiladora: “debe ser de conformidad con la política cultural y la ley”. En esa línea de pensamiento el régimen, en el mejor estilo organicista, se presenta como la totalidad y, en consecuencia, como un medio de prensa que posee una invariable línea editorial, la de su conveniencia. Las demás proyecciones que las parta un rayo.

Eso de esgrimir el nacionalismo, que se define frente a un enemigo externo poderoso, es un recurso maniqueo, utilizado a través de la historia por los peores violadores de los derechos humanos y de la correspondiente creación artística e intelectual. Cuando el expresidente estadounidense Barack Obama comenzó el “deshielo” y visitó nuestro país, automáticamente se produjo uno de los mayores picos represivos contra toda disidencia. Un refrán muy socorrido plantea: palos porque bogas y palos porque no bogas. Obviamente, para los que mandan, lo fundamental es mantenerse en el poder, cueste lo que cueste.

Es entristecedor el panorama observado en este Congreso de la Uneac, pues refleja cuanto de sometido está el gremio. No hay nada más antitético a la creación artística e intelectual que la cerrazón totalitaria. Exhorto a todos sus miembros, así como a la clase política presente en todos los intersticios de la realidad nacional, a que rompan sus cadenas y/o deshagan los tabiques mentales del desprecio al otro; Cuba lo necesita.

Librado R Linares García. Secretario general del MCR