Editoriales
 
¿Por qué escogimos la NOVIOLENCIA activa?
Por Librado Linares García
24 de octubre de 2018
La Lucha Cívica, a diferencia de la Guerra de Guerrillas (foquismo incluido), sienta las bases institucionales y las disposiciones conductuales para una distribución del poder entre los emergentes ciudadanos y no una concentración del mismo como lamentablemente sucedió en Cuba a partir del 1ro de enero de 1959.

Fulgencio Batista interrumpió la Constitución del 40, e impuso un régimen de fuerza. Varias organizaciones existentes o de nueva creación se decidieron a echar del poder al dictador. Tanto el alegato La Historia me Absorberá, La Declaración de la Sierra Maestra y las confesiones de F. Castro a un periodista estadounidense desde esas estribaciones, no mencionaron nunca la palabra comunismo. Había un consenso en todo el arco político e insurgente: restituir la vida constitucional, elecciones libres y competitivas, restablecimiento de las libertades básicas, luchar contra la corrupción y realizar políticas sociales, etc. Después de un brevísimo primer gobierno revolucionario, F. Castro se hizo del poder absoluto, lo sostuvo hasta que su salud lo permitió y lo entregó a su hermano.

Una vez en el poder, se llevó a cabo una política exterior de exportación de la revolución, obviamente violando la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos. Para que se tenga una idea, en el año 1959 salieron desde Cuba cuatro expediciones armadas con tal propósito: el 19 de abril hacia Panamá con 85 expedicionarios; el 14 de junio hacia Republica Dominicana con 200 expedicionarios; el 14 de agosto hacía Haití con 30 expedicionarios (se le debían sumar una columna del ejercito de ese país); el 31 de mayo y el 1 de junio hacía Nicaragua con 75 expedicionarios. Los casos más emblemáticos fueron: las incursiones del Comandante Che Guevara en el Congo y posteriormente en Bolivia. Las preguntas que debemos hacernos son: ¿Quién lanzó la primera piedra, tanto al interior de país como en la arena internacional? ¿Cómo pretender, nada más y nada menos que en el contexto de la Guerra Fría y en el marco de la política de contención del comunismo, que los Estados Unidos no arremetieran contra los belicosos y autoritarios “revolucionarios”? ¿Cuántos murieron, quedaron mutilados o perdieron sus propiedades luchando por una Cuba Libre y Democrática y fueron traicionados por la inconsultada orientación comunista que se le dió a la revolución? ¿No son responsables los castristas de la lucha armada que les realizaron sus opositores por no haberles permitido operar dentro de la ley, en cumplimiento de la máxima martiana: “con todos y para el bien de todos”?

Teniendo como telón de fondo lo anterior, la pésima gestión de gobierno realizada a través de todos estos años y sus implicaciones, así como el enorme expediente de violaciones de Derechos Humanos acumulados, no cabe la menor dudas que Cuba necesita transformaciones estructurales y sistémicas que las élites más ortodoxas que usufructúan en el poder no están dispuestas a realizar. Entonces qué hacer: quedarse con los brazos cruzados o emprender la ruta crítica de una transición hacia la democracia. A saber, tenemos dos herramientas: la guerra de guerrilla o su versión guevarista, el Foquismo y la NOVIOLENCIA activa.

El Foquismo postula lo siguiente: que aun cuando no estén dadas la condiciones subjetivas y objetivas, basta conque un pequeño grupo armado se establezca en un lugar intrincado, para que en círculos concéntricos se produzca una insurrección armada generalizada y con ello el derrocamiento del régimen establecido. Básicamente busca el apoyo del campesinado. La lógica de la violencia es: adelantarse y matar al otro para no ser la víctima. Estos medios son concomitantes con unos fines: hacerse del poder y establecer un régimen Totalitario. El Che era afín con el Maoísmo y F. Castro con el Modelo Soviético. Ha sido tal el descrédito y la matazón de esta propuesta, que la izquierda ha evolucionado hacia otras formas de lucha y programas de gobiernos: utilizar la vía electoral, así como modificar la infraestructura constitucional y legal a su favor y el Populismo Autoritario o Socialismo del siglo XXI respectivamente.

La NOVIOLENCIA ACTIVA considera que: el poder de los gobernantes-autócratas no es eterno ni indestructible y depende de la cooperación y el consentimiento que le den los gobernados; creen en la planificación estratégica que consiste en desarrollar diferentes actividades y estrategias de campañas orientadas a lograr una escalada exponencial de la libertad y con ello  la gobernanza democrática; hacen renuncia a la violencia tanto psíquica como física; apuestan por el ser humano y considera que el universo está del lado de la justicia; retan tanto la paz sin justicia como a los sistemas opresivos y sus personeros; necesita del coraje cívico y de la disposición al sacrifico de sus practicantes; se propone restituir el tejido social descompuesto de los totalitarismos apostando por el mejoramiento de la relaciones entre los individuos; se empeñan en crear un estado de cosas donde las personas puedan desarrollar todas sus potencialidades y así lograr progreso, bienestar y asumir el control de sus propias vidas.

La Lucha Cívica, a diferencia de la Guerra de Guerrillas (foquismo incluido), sienta las bases institucionales y las disposiciones conductuales para una distribución del poder entre los emergentes ciudadanos y no una concentración del mismo como lamentablemente sucedió en Cuba a partir del 1ro de enero de 1959. Quiero acotar una vez más, que si alguien tiene la culpa de que la sociedad civil cubana se abra a la solidaridad internacional, es el régimen cubano. Eso es, con una economía centralmente planificada y de propiedad estatal que deja fuera al otro, un marco jurídico que criminaliza el ejercicio de los Derechos Humanos y una mentalidad de la clase política con una fuerte vocación totalitaria, no queda otra que buscar fuera, lo que no es posible encontrar al interior del país.

Un indicador congruente de una democracia madura, es tener una política exterior que promueva el respeto de los DD HH y la Democracia, ¿o no vale la solidaridad con los pueblos oprimidos?, donde en ese nuevo contexto la soberanía radique en el ciudadano, garantía primera y última de la autodeterminación y de la otra soberanía: la del Estado. No nos dejemos engañar, en nuestra sufrida patria no se puede medir el apoyo de la gente a ninguna opción o propuesta, pues está sometido a unas estructuras de dependencia y dominación totalitaria con la consiguiente doble moral.

En efecto, el Instituto Albert Einstein que preside el Académico Gene Sharp**, propone una herramienta de lucha que tiene aplicación universal: pasa por desarrollar un pensamiento estratégico-táctico y en consecuencia la formulación e implementación de una Gran Estrategia, numerosas Estrategias de Campañas Menores, Tácticas y 198 Métodos de lucha NOVIOLENTOS. La buena noticia es que, esta fórmula está al servicio de una causa noble y tiene como misión fundamental, conquistar el respeto de la dignidad de la persona humana. Asumámosla como un instrumento eficaz, capaz de sacar a la Nación Cubana del atolladero en que se encuentra.

*Este trabajo tiene como referencia el artículo publicado por el periódico Granma el día 13 de diciembre del 2017 con el nombre de: “La resistencia no violenta” y los derechos humanos, Por Manuel Hevia Frasquieri, Director del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.

** el Doctor Sharp a preguntas sobre su pertenencia a la CIA ha sonreído y negado rotundamente tal acusación. Él es un hombre empeñado por ofrecer una metodología a los movimientos que luchan por superar las autocracias en cualquiera de sus variantes.